DOI: www.doi/org/10.24275/uam/azc/dcsh/fh/2019v31n58/OrtizB

 

Sección: Artículo

Nacimiento del género mexicanista: El “Aproposito” Un paseo por Santa Anita (1886) de Juan de Dios Peza

Birth of the Mexicanist genre. The Aproposito: fiesta en Santa Anita (1886) by Juan de Dios Peza

 

Alejandro Ortiz Bullé-Goyri[1]

 

Resumen:

En el ya lejano siglo XIX el trabajo de todo literato raramente se circunscribía a la especialización en algún determinado género.La labor del escritor tenía un rango muy amplio que incluía desde el periodismo,la crónica, todo tipo de narrativa, poesía y, desde luego, la escritura dramática. El literato cumplía una función socialmucho más reconocida y visible que en los días que corren. En el caso del teatro, no es mucho con lo que contamos en cuanto al estudio de la obra de todos aquellos maestros de la literatura decimonónica. Así ocurre con la labor literaria de Juan de Dios Peza.

Palabras clave: Juan de Dios Peza, Teatro, Siglo XIX, Escritores mexicanos, Santa Anita

 

Abstract:

In the far away nineteenth century the work of every author was seldom circumscribed to the specialization of some determined genre. The writer´s work had a very wide range that went from journalism to chronicle, all types of narrative, poetry and, certainly, drama. The writer accomplished a social role much more visible and acknowleged than nowadays. As far as drama is concerned there are not many studies about the tasks of those masters of the nineteenth century. This is the case of the literary work of Juan de Dios Peza.

KeyWords: Juan de Dios Peza, Theater, XIX Century, Mexican Literature, Santa Anita

 

Recibido en 19/06/2019

Aceptado en 26/09/2019

 

 

El poeta y el retrato de la identidad

 

En el ya lejano siglo diecinueve el trabajo de todo literato raramente se circunscribía a la especialización en algún determinado género.La labor del escritor tenía un rango muy amplio que incluía desde el periodismo, a la crónica, todo tipo de narrativa, poesía y, desde luego, la escritura dramática. El literato cumplía una función social mucho más reconocida y visible que en los días que corren. Su trabajo se consideraba como necesario y su presencia en sucesos sociales, cívicos, religiosos o de conmemoración era infaltable. Muchos de ellos, casi todos, escribieron eso que suele llamarse como “literatura de circunstancia”. Autores infaltables en el catálogo de la literatura mexicana del siglo XIX como Altamirano o Guillermo Prieto o Gutiérrez Nájera la hicieron; así como también obra relativa a enaltecer los valores patrios; algo que podría definirse como “literatura identitaria”, en donde la crónica, la poesía o el relato describen ambientes y temas relativos a un querer y a un deber ser de la naciente patria mexicana. En el caso del teatro, no es mucho con lo que contamos en cuanto al estudio de la obra de todos aquellos maestros de la literatura decimonónica. Así ocurre con lalabor literaria de Juan de Dios Peza[2]. Si bien es reconocido como el “cantor del hogar”, en su tiempo,por su obra poética relacionada con temas relacionados con la moral social y familiar de la segunda mitad del siglo XIX en México. El célebre poema “Fusiles y muñecas”, así como por sus composiciones de carácter patriótico que suelen formar parte del repertorio de declamaciones escolares aun en nuestros días, son muestra desu presencia en ese ámbito de la literatura identitaria.Pero puede reconocerse a Juan de Dios Peza, no sólo como el cantor del hogar, sino como el caso de un literato más preocupado por contribuir a la identidad nacional a través de su obra que al interés por inscribirse dentro de un determinado modelo o corriente artística, como fue el caso del modernismo en México impulsado por Manuel Gutiérrez Nájera entre otros. Si bien, Peza, cronológicamente debería pertenecer a la generación modernista, su obra mantiene los influjos fundamentales del romanticismo mexicano: el canto a los forjadores de la patria, el heroísmo, el costumbrismo y la idealización de los roles familiares. Pero también en su teatro se orienta más a mostrar al espectador el orgullo nacionalista, ya no sólo a través de las hazañas patrióticas sino a través de un sentido nativista.Un paseo por Santa Anitamuestra así el interés del poeta por mostrar su mirada nacionalista y de reivindicación de una identidad nacional a través de un cuadro de costumbres en donde estuviesen encumbrados, el paisaje, la música y la danza popular y la belleza mestiza de la mujer mexicana, enmarcados en un idílico paisaje lacustre de un paseo en una ciudad que por entonces poseía una belleza natural única.

Carlos Monsiváis en una reflexión a propósito de la obra de Juan de Dios ¡, reivindica al autor, justamente por su

(…) En verdad, lo que ¡ hizo fue capitalizar literariamente las demandas de estabilidad de una clase en expansión harta de guerras, ávida del reconocimiento internacional, ligada profundamente a su pasado inmediato, estupefacta ante su grandeza inminente. ¿Qué mejor que persuadir a estos mexicanos ya sedentario s de que su triunfo se iniciaba en casa, de que su sacrificio (cualquiera que éste fuese) no había sido en vano ya que sus hijos creerían en la paz, y que su vida íntima sería - a ojos vistos- el manantial de pureza nacional? Sin mayores transiciones se pasó, programáticamente, de la emoción histórica a las satisfacciones inéditas de lo cotidiano. (…) Juan de Dios ¡ no debe ser criticado como escritor. él no fue sino un registro enardecido de la sociedad que no desdeñaba acudir a la rima y a la confesión desgarradora para afianzar su respetabilidad y sus métodos de comprensión emocional. (Monsiváis, 1981, p. 5-10).

 

De manera que siguiendo las reflexiones críticas a propósito de esa suerte de romanticismo tardío de ¡, tanto en su poesía como en su escritura teatral, puede afirmarse que se constituyó en su tiempo en la voz de un país que comenzaba a fortalecer y a consolidar una idea de cultura nacional, y esa es tal vez la mayor virtud de este “apropósito” que aquí recuperamos. En Un paseo por Santa Anita está el deseo ferviente de retratar en escena ese país idílico en donde la tradición y el paisaje se funden para mostrar la grandeza de una patria mestiza orgullosa de serlo.

 

 

Santa Anita y el espacio ideal para el retrato nacional

 

 

En la plástica, en la literatura y en el arte escénico y su dramaturgia, se fue desarrollando con el paso de los años una tendencia costumbrista, de retratar ámbitos festivos, de convivencia social. Paseos, calles, plazas, barrios y espacios populares como el del canal de La Viga y escenas de la muy celebrada fiesta en Santa Anita. Barrio lacustre de acendrada herencia prehispánica. Quizá el ejemplo más notable para nosotrosy que mejor quede para referirnos esto sea el de Una fiesta por Santa Anita, una obra de teatro musical escrita en 1886 (Reyes, 1972, p. 53-54).[3] Por el poeta Juan de Dios ¡ con música del maestro Luis Arcaráz en donde se escenificaban cantos, bailes, personajes y ambientes nacionales y que alcanzó un enorme éxito durante su temporada en el Teatro Principal de la ciudad de México, según lo refiere Olavarría y Ferrari en “El escenario era una copia exacta de Xochimilco” (de Olavarría, 1961, p. 1113). La obra alcanzó a representarse durante quince noches seguidas en el escenario del Gran Teatro Nacional; algo no tan frecuente por entonces, y menos para una obra dramática de factura nacional. Olavarría y Ferrari nos informa también que hacia 1884 La Orquesta Típica Mexicana, dirigida por Carlos Corti, interpretaba con gran fortuna música mexicana durante los intermedios de las representaciones de zarzuelas (de Olavarría, 1961, p. 1154).

Cabe apuntar también aquí que el diseño y la disposición escenográfica corrió a cargo de uno de los artistas más renombrados de la época, el pintor Manuel Serrano, uno de los más reconocidos artistas plásticos de estilo costumbrista en el México del siglo XIX (Moyssén, 1993, 67-74).Luis Arcaráz, fue un célebre músico y empresario teatral, de origen vasco, quealcanzó notoriedad en la escena mexicana del siglo XIX, con sus contribuciones al género mexicanista de la época. A propósito de éste músico,Enrique de Olavarría y Ferrari escribió lo siguiente:

Modesto y empeñoso actor de zarzuela, no brilló como cantante pero tampoco fue como tal mal recibido. Experto músico y dedicado profesor, sus méritos de maestro superaron con mucho a los del artista lírico y poco tardó en ser apreciado y buscado como Director de Orquesta; pocos podrán superarle en empeño para hacer lucir las obras que se le encomiendan. Como autor y compositor había […] puesto música a los siguientes libretos: Una fiesta en Santa Anita, El capitán Miguel, Y ahora Ponciano de Juan de Dios Peza;Los seis-monos de Peza, Baz y otros ingenios;Los valientes de Burgos, El Señor Gobernador, de Ramos Carrión y Vital Aza; Manicomio de cuerdos, de Eduardo Macedo y La rifa zoológica de Mateos, estas últimas en colaboración con Austri. (De Olavarría, 1961, 1335).

 

De manera que la pequeña obra musical en forma de “apropósito” del joven Juan de Dios Peza, fue un acontecimiento artístico en muchos sentidos en la vida escénica del México de la segunda mitad del siglo XIX.Ópera y diversas formas de teatro musical se daban en México desde el período colonial, como puede advertirse en compositores novohispanos del siglo XVIII, como Manuel de Zumaya (1680-1755 y su ópera La Parténope, de 1711 y quizá la primera obra musical de ese género en América. Podemos afirmar que este llamado “apropósito” configura en su estructura y contenido elementos típicos de lo que el teatro de género chico habría de desarrollar durante el porfiriato y la revolución mexicana: alusión a temas de actualidad (de ahí su caracterización como “apropósito”), ambiente vernáculo, personajes populares, modelización escénica de paseos, plazas y fiestas populares.La originalidad que podemos observar aquí es que se trató de una obra teatral que enaltecía elementos propios de cultura popular. En este caso particular se trata de uno de los espacios festivos más significativos de la vida urbana de la antigua ciudad lacustre que mantenía todavía algunas de sus fuentes de agua en el siglo XIX. Su éxito se basó justamente en que escenificaba y evocaba idealizándolo el entorno festivo del paseo de Santa Anita y el canal de la Viga, con música y danzas propias. El espectador veía en escena enaltecidos su propio sentido de belleza con un sabor regionalista y nacionalista y risueño. Lo cual después será retomado una y otra vez en obras del género chico mexicano cuyo éxito estuvo garantizado por lo mismo que Una fiesta en Santa Anita había configurado. Tal es el caso de Las musas del país (1914) de José F. Elizondo o Aires Nacionales (1921) de Prida y Ortega en las que se escenificó un mosaico de música y danzas folklóricas de buena parte del país, en pleno auge del nacionalismo revolucionario. En estos casos, la representación escénica de elementos festivos cumplía el fin de enaltecer valores patrios y orgullo de las manifestaciones culturales autóctonas. A este género de teatro musical mexicano derivado de la zarzuela madrileña y del teatro de revista se le llegó a denominar como el “género mexicanista”, precisamente por procurar exaltar un sentido de belleza que tuviese que ver con el folklore nacional, bailes, música, canciones, ambientes, paisajes y tipos populares. Las primeras obras de este tipo aparecieron en los escenarios mexicanos, especialmente en la capital del país hacia la segunda mitad del siglo XIX.

 

 

Una fiesta en Santa Anita frente al público

 

 

Se puede decir que la obra alcanzó el éxito por la capacidad de exponer por parte del poeta Juan de Dios Peza, ese mundo festivo popular que el espectador citadino estaba ansiado de ver en los escenarios nacionales. Y no porque la zarzuela y la música española les resultase chocante, sino que el afán por la utopía nacionalista, exigía que el público pudiera ver sus propios símbolos en escena. Y Una fiesta en Santa Anita era la expresión perfecta en el momento perfecto. Así que el hecho de haberse representado en un programa teatral con zarzuelas, fue el cuadro necesario para que pudiese destacarse. Y con certeza su autor, como creador de la partitura, Luis Arcaraz, y el director de la compañía sabían que eso era lo que el espectador estaba esperando. No obras que reprodujeran o imitasen ambientes españoles o como había venido pasando con los melodramas románticos, ambientes medievales o novohispanos. Por tanto, el montaje escénico fue en el sentido de deslumbrar al espectador con espacios alusivos a la fiesta de Santa Anita y al ambiente risueño de Xochimilco, con música popular y con personajes típicos ataviados a la usanza vernácula. Lo curioso de caso es que el texto dramático no está compuesto con un argumento de zarzuela, o con una intriga teatral lo suficientemente interesante para atraer la atención del espectador en ese sentido. El objetivo de los autores es despertar entusiasmo en el espectador a través de la recreación de estampas populares con las que se sentía ampliamente identificado. Y ese objetivo se cumplió con creces.

Eduardo Contreras Soto, en su antología del teatro mexicano decimonónico observa un aspecto fundamental que tuvo el teatro y su dramaturgia en el siglo XIX en México: su sentido identitario, “la dramaturgia que integró una identidad”, le llama en su estudio introductorio (Contreras Soto, 2006: pp. 9-28). El arte escénico fue una herramienta eficaz para que, como práctica social, se enaltecieran valores y símbolos con los cuales identificarse como nación.

Observemos aquí lo que Olavarría y Ferrari siguió comentando al respecto del estreno de este singular “apropósito”: estrenado como parte de un programa de zarzuelas la noche del 29 de julio de 1886:

 

En el beneficio de Isidoro Pastor [se] resucitó las viejamente aplaudidas zarzuelas El postillón de la Rioja y Los dos ciegos con su jota de El Ta y el Te… y se presentó por primera vez en las tablas y en el gracioso cuadro mexicano de Peza y Arcaráz,Una fiesta en Santa Anita, la niña Felicidad Pastor, hija del beneficiado. Muy bella estaba aquella pobre criatura de catorce abriles apenas, con el lindísimo traje de las chinas mexicanas; fue colosalmente aplaudida al recitar unos hermosos versos escritos para ella por Juan de Dios Peza, y en el jarabe, que bailó con muchísima gracia (de Olavarría, 1961, p. 1198).

 

 

El historiador del Gran Teatro Nacional y del Teatro Principal, Manuel Mañón, nos ofrece este testimonio:

 

No dejaba nada qué desear el cuadro y el apropósito de Juan de Dios Peza, que sólo pretendía divertir un rato con un cuadro de costumbres mexicanas lo consiguió ampliamente, pues la concurrencia aplaudió con alborozo, tanto los versos como la música, que pronto se popularizó. (Mañón, 2009, p. 324).

 

 

Del estreno de Una fiesta en Santa Anita en 1886 en el Gran Teatro Nacional de la Ciudad de México

Con ansia esperaba el público “Una fiesta en Santa Anita”, que se sabía era de Juan de Dios peza, el mágico productor de musicales versos, a los que había que añadir la música muy inspirada de Luis Arcaráz, compositor modesto, pero que ya empezaba a hacerse un nombre con varias afortunadas páginas musicales que había compuesto. Esta pequeña obrita tenía un carácter netamente nacional, que entusiasmaba por ello.

Al alzarse el telón, el público aplaudió la decoración, que representaba el canal y el pueblecito indígena con sus canoas, sus chinampas y todos los detalles perfectamente captados por el escenógrafo. La presentación era magnífica, entre las chinas, charros y valedores apareció la beneficiada vestida espléndidamente con muy buen gusto y portando un castor salpicado de brillantes y lentejuelas; las enaguas blancas que asomaban por abajo tenían las puntas ricamente bordadas, la camisa de cambray finísimo y randas maravillosas; el rebozo de seda empuntado y zapatos bajos bordados de oro. La graciosa actriz estaba verdaderamente encantadora con el traje mexicano, que sabía llevar a la perfección. Isidoro Pastor no le iba en zaga [sic.], con su traje de charro de rica botonadura de plata, chaqueta bordada de plata igualmente, rico jarano y magnífico sarape de Saltillo. No dejaba nada qué desear el cuadro y el a propósito de Juan de Dios Peza, que sólo pretendía divertir un rato con un cuadro de costumbre mexicanistas lo consiguió ampliamente, pues la concurrencia aplaudió con alborozo, tanto los versos como la música, que pronto se popularizó. Entre entusiastas bravos hizo salir varias veces a la escena a los autores, alabó la prensa al poeta y al músico, así como a los artistas. Este“paseo en Santa Anita” se repitió varias veces todavía, por ejemplo para el beneficio de Concha Arvide y siempre con igual éxito. (Mañón, 2009, p. 323-325).

 

He aquí una crónica de la época de El Diario del Hogar, de septiembre 9 de 1886, que rescata Luis Reyes de la Maza a propósito de su estreno:

Ecos de la semana

Actualmente sólo se oye hablar en nuestra ciudad de la zarzuelaUna fiesta en Santa Anita, y los nombres de Juan de Dios Peza y Luis Arcaráz suenan en todas las bocas. El jueves, en la función de gracia de la Montáñez [sic], se puso esta obra de nuestro más popular poeta y de un joven maestro que desde hace tiempo se ha captado las simpatías de los aficionados a la zarzuela. Desde la víspera se agotaron las localidades y hubo que improvisar palcos en el foro para las muchas personas que deseaban a toda costa presenciar este espectáculo (…)

El escenario estaba lleno de graciosísimas chinas coronadas de amapolas y rosas, con su camisa bordada, su lujoso castor con raso bordado de vivos colores y arrebujadas en el rebozo de bolita; de charros, enchiladeras, de vendedores, tamaleras, cargadores, aguadores, gendarmes, pilluelos, rotos e inditos. Los espectadores aclamaron a Pastor cuando apareció llevando con gallardía el ajustado pantalón con botonadura de plata, la chaqueta con chapetones y agujetas del mismo metal, la camisa llena de bordados, la corbata tejida de seda roja, la banda de burato, los zapatos bayos, el zarape, la pistola al cinto y el sombrero galoneado, y se volvieron locos al ver a la Montañez vestida de china, con un rico castor lentejuelado, una camisa primorosamente bordada de colores, un rebozo de seda verde, unas zapatillas azules bordadas de oro v una cinta encarnada en su negra cabellera.Una fiesta en Santa Anitaes un delicioso cuadro de costumbres trazado con inspiración y gracia por Juan de Dios Peza y puesto en un bello cuadro musical por Luis Arcaraz. Los versos son fluidos y elegantes y el diálogo muy brillante alternando chistes de buen tono. La melopea que declama la Montáñez es una tirada de versos muy notables y la pieza está salpicada de frases que excitan la hilaridad y el entusiasmo de los oyentes. Respecto a la música, todos los números son bonitos y de mucho efecto. El primer coro es entrainantacabando con una danza que respira la voluptuosidad y languidez que caracterizan este baile nacido, al ardiente sol de áfrica. El auditorio pidió la repetición de este trozo, así como del siguiente, precioso dúo entre tenor y bajo, donde el maestro Arcaráz ha querido probarnos que Pastor sube más que otros tenores y Carriles baja más que la generalidad de los bajos. Un dúo que termina con la deliciosa canción mexicana de "El turrón". Hay otro alegre coro, pero es en la melopea donde se ha distinguido más el compositor. Como los versos hacen alusión a México y a España, Arcaraz ha introducido en esta pieza hábilmente nuestro Himno Nacional y la Marcha de Riego, unos compases del jarabe y la marcha Zaragoza, siendo ejecutadas por la orquesta al mismo tiempo el canto patriótico mexicano y el himno español. Este número fue recibido con gran entusiasmo y muy justamente, pues es una bella composición literaria y musical.

La interpretación fue inmejorable. Adela Montañez hizo la china más picaresca y más graciosa que ver se puede, diciendo los chistes con fina intención, declamando la melopea con gran sentimiento y acabándola con una vehemente frase cariñosa para México, puesto que la graciosa actriz quiere bien a nuestro país, donde nació su hija. Peza y Arcaraz fueron llamados varias veces a la escena, recibiendo una verdadera ovación del público. En resumen: la pieza agradó sobremanera y en las otras representaciones que se han dado de ella se han agotado las localidades desde la víspera. A nosotros nos ha gustado tanto que hemos asistido a tres funciones y cada vez admiramos más la inspiración y gracia con que está escrita y la encontramos muy superior a otras que la empresa recibió de España precedidas de mucha fama. Juan de Dios Peza la escribió en media hora y Luis Arcaraz la instrumentó en pocos días, siendo éste su primer ensayo en forma de zarzuela, y los dos jóvenes autores consiguieron un triunfo que ellos mismos no esperaban. (Reyes, 1964, p. 286-287).

 

Una fiesta en Santa Anita (1886) no es propiamente una “zarzuela mexicana” sino como claramente se indica en el texto, se trata de un “apropósito”, un tipo de composición teatral muy en boga en los escenarios hispanoamericanos durante el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, que bien podría definirse como dramas o espectáculos escénicos de circunstancia, como ocurría en el período barroco con las loas. Se componían sobre todo apropósitos de carácter patriótico, rememorando alguna gesta heroica o hazañas militares, pero también alusivos a homenajes a personalidades ilustres. Por ello su extensión no podía ser muy amplia o su argumento no podría ser muy complejo. Como es el caso de esta pieza que comentamos. El “apropósito” está dedicado a una fiesta popular y en ello radica su originalidad y su carácter fundacional en la escena mexicana. Es, como claramente se afirma en la crónica citada un apropósito patriótico realizado con base en un pintoresco cuadro de costumbres y con la aparición de personajes populares con el fin de retratar de manera risueña el contexto festivo del legendario paseo lacustre de Santa Anita en la ciudad de México.

Literalmente se trata de un cuadro de costumbres que enmarca el galanteo de un francés don Teófilo sorprendido de la belleza del paseo Santa Anita a la simpática, alegre y con enorme espíritu patriótico y nacionalista mujer mestiza de nombre Lupe; es decir Guadalupe, vestida como tiene que ser a la usanza de la llamada China Poblana, el traje típico nacional. El risueño cuadro de costumbres culmina con una evidente declaración amorosa de Teófilo a la bella mestiza Lupe, a quien le expone que por ella podría ser capaz de dejar su nacionalidad francesa y convertirse en mexicano de verdad. Los diálogos están escritos en verso y que se van intercalando con versos que se cantan al compás de sones conocidos por el espectador, como “La Marcha del Riego” y –al parecer, de acuerdo con la crónica citada anteriormente- con algunas notas delHimno Nacional Mexicano[4]. Para que al final del cuadro, Teófilo el francés, exprese su irresistible enamoramiento con la criolla mestiza mexicana. Y decimos criolla mestiza, porque la misma Lupe asume un origen español que no se contrapone, curiosamente, con su mexicanidad mestiza hecha de mezcla de culturas y de razas. He aquí los diálogos finales, dichos entre baile, canto y ambiente festivo a más no poder:

 

LUPE:

(…)

¡Oh México! Quisiera

Decirte ufana:

¡no soy una extrajera,

Soy una hermana!

Jamás como á una extraña

Me deis las manos

¡Son México y España

Pueblos de hermanos!

¡España! En ti se aduna

Mi fé, mi guía!

¡México!Eres la cuna

De la hija mía!

Un nombre que me encanta,

Ponerle supe:

¡El de la Virgen Santa

De Guadalupe!

¡Virgen que el pueblo indiano

Tanto venera!

¡Que Hidalgo alzó en su mano

Como bandera!

Aquí nada me extraña;

Me regocija

Decir: México, España,

Con“madre e hija.”

Negarlo fuera en mengua

De la hidalguía:

¿No habláis en una lengua

Como la mía?

¿No nos une la gloría

Con vivo rayo?

¿No alumbra nuestra historia

La luz de Mayo?

Dejad, sin son iguales

Por su grandeza

En el valor rivales

Y en la nobleza;

á la artista sincera

Que diga ufana:

¡No soy aquí extranjera

Soy mexicana!-

ESCENA SETIMA

HABLADO

TEOFILO.Señora, usted a logrado

cautivar mi corazón,

y aquí me quedo entre todos

que extranjero ya no soy;

me quedo al mole y al pato,

y á las tortas y el arroz,

con tal de que todas bailen

sí da permiso el señor……

 

(señalando a Isidoro.)

ISIDORO.Sí, que bailen; soy sencillo,

Y eso cualquiera lo nota:

“por mi lado no hay Portillo

Toda la cerca está rota.”

Y para acabar con brío,

Esta fiesta singular:

Lupe, vamos á bailar.

Un “palomo” tapatío.

Baile de música grata

Que no hay quien no lo recuerde,

Pues “Jalisco nunca pierde

Y cuando pierde arrebata.”[5]

 

(Lupe é Isidoro bailan el “Palomo” [6]en medio de los concurrentes al pueblo, y termina el a propósito.”)

 

Un aspecto relevante de estos diálogos es en lo tocante a la relación del mexicano con el extranjero. El mexicano y el otro. Aquí, en este caso, encontramos el fenómeno singular del español, o del ciudadano de origen español que ya no es “gachupín”, ya no es el “extraño enemigo”, como se asume en el verso del Himno Nacional Mexicano, puesto que se ha asimilado a la cultura nacional y defiende los valores de la patria querida. Como, justamente le ocurrirá al otrora invasor francés, a quien, por efectos de cupido, necesariamente habrá de mexicanizarse también.

El paseo de Santa Anita y el canal de La Viga continuaron siendo hasta los años treinta del siglo XX el espacio festivo de reivindicación nacionalista, de la misma manera que esto era retratado por cuadros teatrales en la revista y otras formas de espectáculos; algo que conel paso de los años y la pérdida lamentable de casi la totalidad de los paseos lacustres en la ciudad de México, esto acabó siendo parte de un pasado singular y pintoresco, pero que permanece en el sustrato de las raíces culturales del país.La presente transcripción del “Apropósito” Un paseo por Santa Anita de Juan de Dios Peza se realizó a partir del cuadernillo editado por la tipográfica de “El Lúnes” á cargo de Luciano Iza, plazuela de Regina frente á la Iglesia. En 1886 [sic]. Y que se encuentra en las Colecciones Especiales de la Biblioteca de las Artes del Centro Nacional de las Artes en la ciudad de México. Es probable que el impresor Antonio Vanegas Arroyo haya realizado una edición también dado el éxito de esta obra tan popular en su tiempo, puesto que formaba parte del repertorio de la empresa de títeres y autómatas de los Rosete Aranda, cuyo repertorio solía estar basado en las ediciones populares de obras dramáticas del célebre impresor. Antes de concluir es importante agradecer y reconocer aquí la invaluable participación en la recuperación del cuadernillo y en el rastreo de información sobre teatro popular de Gissaeli Cruz V.

Queda solamente retomar la lectura del libreto de esta pequeña muestra de teatro musical mexicano de la segunda mitad del siglo XIX cuya evocación de uno de los paseos más célebres de la ciudad de México, nos ayuda a recuperar en la memoria histórica.

 

Obra citada o consultada

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Cibergrafía

Flores, I. (2014). El jarabe nacional. En Laboratorio universitario de recopilación de la danza [Universidad de Guadalajara México], https://sites.google.com/site/laredanzaudg/la-danza-en-mexico/mestizas/sones-y-jarabes/el-jarabe-nacional (agosto).

 

Peralta, A.. (2014) El canal, puente y garita de La Viga. En http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/caminosymercados/cm023.pdf (julio 2014).

 

 

 

 

 


 

Una Fiesta en

SANTA ANITA

APROPOSITO EN VERSO

Por

Juan de Dios Peza

Música del Maestro Luis Arcaráz.

 

MEXICO

Tip. De “El Lúnes” á cargo de Luciano Iza, plazuela de Regina frente á la Iglesia.

1886

A la distinguida artista, Sra. Doña Adelaida Montañes, para representarlo en la noche de su beneficio.

JUAN DE D. PEZA.

REPARTO

PersonajesActores

Lupo…………………Sra. Adelaida Montañés.

Isidoro…………….. Sr. Isidoro Pastor.

Teófilo…………….. Sr. Emilio Carriles.

Coro general.

La escena pasa en Santa Anita, pueblo cercano de la Capital de México. [Epoca actual.]

Este apropósito fué representado la noche del 3, la tarde y la noche del 5, la tarde y la noche del 8, la noche del 10 y la noche del 13 de Septiembre de 1886 en el Gran Teatro Nacional, con extraordinario éxito.

UNA FIESTA EN SANTA ANITA.

Paisaje alegre, mirándose á distancia el Canal, algunas chinampas y jacales. –A derecha é izquierda puestos de vendedoras como en los días que hay fiesta en el pueblo.- Pateras, tamaleras, enchiladeras, eloteras, pulqueras y pulqueros, floristas con lechugas, coronas de amapolas y rábanos compuestos.

ESCENA PRIMERA.

Aparece el coro de muchachas del pueblo vestidas de varios colores y á la usanza del país, cantando acompañadas de sus amigos.

MUSICA.

CORO.

La tierra de las flores

de fiesta está,

hoy Viernes de dolores

¿quién no vendrá?

Pueblo de Santa-Anita

flor del Canal,

para estar de bromita

no hay otra igual.

Tus chinampas vistosas

con su verdor

tus frutos y tus rosas

dicen: ¡amor!

El progreso y sus modas

nada te hará

que en tus costumbres todas

la Patria está.

Tus jacales indianos

tu animación,

habla á los mexicanos

al corazón.

La tierra de las flores

Fiesta está,

hoy Viernes de Dolores

¿quién no vendrá?

La Vírgen santa y pura

del Anahuác,

el astro de hermosura

del Tepeyac.

Busca espejo en tus olas,

vive en tu hogar;

quiere tus amapolas

para su altar!

El pueblo está de gozo,

Respira amor;

nada hay como el rebozo

sobre el castor.

Las frentes levantadas,

Limpio el mirar,

nuevas las arracadas

nuevo el collar.

El remero que viene

Pronto se vá…..

¡La fé que el alma tiene

se apagará!

 

ESCENA SEGUNDA.

TEOFILO.Ah! c´est charman, c´est charman

Es un canto encantador.

UNA.Muy bonito, si señor……

TEOFILO.Muy bonito, oui madam,

Muy bonita la floresta,

cuánta luz, cuánta amapola,

¿ustedes están de bola?

UNA.Está usted muy elegante,

quiero decir, muy catrin.

Y pasará muy buen rato,

¿quiere usted mole, tortillas,

pulque, fiambre, quesadillas,

tamales, elotes, pato,

panza, pipian, carne seca

con chilitos infurtidos,

ó tamalitos cernidos

de chile dulce y manteca.

tortas compuestas, pechugas

de gallinas adobadas,

tenemos para ensaladas

rábanos, apio y lechugas……

todo vendemos aquí

y muy barato se da……

si usted quiere, probará.

TEOFILO.Más tarde, más tarde oui;

Que al fin nos hemos de ver.

UNA.En todas partes andamos,

Adiós mosiú, ya nos vamos,

que vivimos de vender.

(Vansé dando los distintos gritos de las vendedoras de Santa-Anita.)

 

ESCENA TERCERA.

TEOFILO, SOLO.

Tres bien, de veras, tres bien,

guapas son las señoritas,

muy jóvenes, muy bonitas

y muy amables también.

Yo no estar acostumbrado

á las escenas de aquí……

más México gusta á mí,

desde verlo me ha gustado.

Y la diferencias es buena,

perdonadme que lo diga,

¿qué esel Canal de la Viga

junto al caudaloso Sena?

Allá dicen: “puro apache

hay en México,” eso no…..

ni uno solo he visto yo……

son personas de guarache,

humildes, muy educados,

de muy noble corazón……

es decir, indios, que son

señores civilizados,

¿Y las criollas? Yo ví ayer

y la seguí hasta la Viga

una, que es justo lo diga,

es muy bonita mujer.

Aquí con ella no doy,

y no encontrarla me irrita,

yo dije: está en Santa Anita,

pues á Santa Anita voy,

Vengo tras esa aventura

que no ha de salirme mal,

que bien puede en un jacal

un hombre hallar la ventura.

 

ESCENA CUARTA

TEOFILO, ISIDORO.

ISIDORO.Buenas tardes.

TEOFILO.Buenos días.

ISIDORO.Es cierto, cuestión del sol.

Como siempre anda tan alto

No siempre lo miro yo.

¿Y usted ha venido al pueblo?

TEOFILO.¿Qué si he vidno? ¡Aquí estoy!

ISIDORO.Oiga, pero no se atufe,

ni se le suba el color,

ó tomópulque de tuna,

ó del mole aprovechó

el caldo y se dio una mano,

ó con algo de azarcón,

se ha teñido la fachada

para dar la pala…..

TEOFILO. Soy

un caballero y no gusto

que me hablen con ese son……

ISIDORO.Pues tápese las orejas

que para eso traigo yo

yerba de Santa Maria,

cera de Campeche……

TEOFILO.Soy……

ISIDORO.¿Un caballero de extranjis?

TEOFILO.Extranjero, si señor.

ISIDORO.Yo también lo soy á medias,

No se afigure, un doitor

Que se jué á Paris de Francia,

á su lado me llevó;

Era yo muy chiquitito,

Y no llegué……

TEOFILO.¿No llegó……?

ISIDORO.Digo, á Paris; me dejaron

en España; allí, señor,

juí la pura miel en penca,

juí la nata, juí la flor……

no es mentira……

TEOFILO.Ya notaba

que habla usted como español……

ISIDORO.Claro está, digo zapato,

Y garbanzo, y corazón,

Cabello, callo, curillo,

Calcetines, torna voz,

Cazuela……

TEOFILO.Basta, está bueno;

son bastantes y me doy

por vencido……si……

ISIDORO.Cerezas,

manzanilla, pollo, arroz,

Tocino, manzanas,

TEOFILO.Basta,

Y pan, y carne, y jamón,

Y me queda demostrado

Que usted tan solo aprendió

á ser un aperitivo

Que despierta un hambre atróz.

No vengo á comer ni quiero

Que me hablen de comer hoy……

ISIDORO.Yo trataba de explicarle

Que el hablar el español

Lo debo á la circunstancia

TEOFILO.De que lo llevó un Doctor,

Ya lo sé, más no me importa,

no vengo con la ambición

de saber vida ajenas.

ISIDORO.Pues habla claro, señor,

Puesto que no aguanta pulgas,

Y que sale tan brincón,

Y se la echa de lado,

Y que es gringo y tiene tós,

Ni le he de dar caramelo

Ni he de ser su valedor

Ni he de ponerle gamarra,

Calme pues su corazón,

Dígame lo que aquí busca

Y le haré lado.

TEOFILO.Yo estoy

Buscando aquí hace tres horas

á una mujer……

ISIDORO.¿De color?

Digo, así, con una cara

Como carne de piñón,

Garbosa, de buena estampa,

Viudita, de buena voz,

De andar resuelto y airoso.

TEOFILO. ¿Usted la conoce?

ISIDORO.Voy,

Todo he de decirlo amigo,

Mucha calma y atención.

MUSICA.

Usted viene buscando

Bien claro está…..

Algo que al fin muy caro

Le costará.

Piense que en este pueblo

Sépalo bien,

Los amores concluyen

Con un belen.

Si busca una morena

Viuda y muy fina

Que vive aquí……

Con rostro de sirena,

Traje de china

¡muy rete así!

Con los ojos muy negros,

Negro el cabello,

Tersa la piel,

Con rebozo y enaguas

Y todo aquello:

¡la pura miel!

No espere que le enseñe

Ni que le diga

Por donde está……

Es flor y nata y crema,

Buñuelo y miga

Que no se dá.

Váyase y no la busque,

No le conviene,

Largo de aquí,

Es un mole muy rico

Pero que tiene

Su ajonjolí.

Y porque no me diga

que yo le tiendo

traidora red,

yo soy, pues que me obliga,

ajonjolí del mole

que busca usted.

TEOFILO.Tiene amargas verdades

Esa canción……

á mi ya no me gusta

La población.

Lo dicho me incomoda

Bien me lo sé,

Pero por donde vine

Me marcharé.

 

 

HABLADO.

TEOFILO. Mas ved, las muchachas vienen,

Muy guapas, muy remononas,

Bellas como las coronas

Que en sus breves manos tienen,

Jóvenes y salerosas

Parecen por lo bonitas,

Parvada de palomitas,

Bandada de mariposas.

ISIDORO.Todo eso parecen, si,

á todo todas se atreven,

Como miran y se mueven,

Muchachas: pasen aquí.

ESCENA QUINTA.

DICHOS Y EL CORO DE SEÑORAS.

MÚSICA

CORO (Saliendo) Somos hijas del pueblo,

Ninfas de amores,

Reinas de las chinampas

Llenas de flores.

Las que en breve chalupas

Sobre las olas,

Se coronan las frentes

Con amapolas.

Las que alegran y mueven

Los corazones,

Al son de las guitarras

Con sus canciones.

Son ternura y cariño,

Gracia infinita,

Las muchachas del pueblo

De Santa Anita.

Sus ojos enloquecen,

Matan, cautivan ……

¡Vivan y vivan!

 

HABLADO.

TEOFILO.Yo ya se los he dicho,

Cantan muy bien,

á pesar de los cnatos

me marcharé.

El andar en Plateros

Muy bueno es,

Pero por donde vine

Me marcharé,

Pues aquí entre estas gentes

Nada es francés……

ESCENA SEXTA.

DICHOS Y LUPE.

LUPE.Nada es francés, nada, nada,

Nada extranjero, señor,

Purititititos indios

Biznientos de Cuatimoc…..

¡Vaya ¡ que todo ha escuchado

Con muchísima atención.

TEOFILO.¡ Pareció lo que buscaba!

LUPE.Oí lo que ustedes dos conversaban.

TEOFILO. Nada dije

Que ofenda.

LUPE.Ya lo sé yo……

A mí me gustan los hombres,

Como Isidoro……

TEOFILO.¡Tableau!

LUPE.Ancho sombrero bordado,

Con toquilla y con galón,

Corbata roja y tejida

Por mis manos con primor,

Chaqueta bien sostenida

Luciendo en cada botón

Un águila de ocho reales

Del año sesenta y dos,

En que fue el 5 de Mayo

Si mal no recuerdo yo.

Calzoneras bien prendidas

Con lujosa ostentación,

De rica botonadura

Que deslumbra con el sol.

Roja banda en la que duerme

Una pistola de Colt,

Y en la bolsa unos cigarros

No “Cabañas” ni “Extra –Flor,”

Sino esos que se fabrican

En el “Puente de Monzón.”

Zapatos bayos con suelas

De fuerte y gran espesor,

Alma franca, rostro alegre,

Bolsa abierta, buena voz,

En una palabra, amigo,

Un chinaco de valor,

Como aquellos que en sus tropas

Nicolás Romero usó,

Guerrilleros de la patria,

Del dinero, del amor……

Así me gustan los hombres,

Como éste……

ISIDORO.Tienes razón……

LUPE.No me gustan con onditas,

Peinados por Micoló,

Ni con saquitos rabones,

Ni de estrecho pantalón

Ni de botin de puntita,

Ni de pañuelo de olor,

Ni de boquilla de espuma,

Ni de lentes, ni bastón,

Esos, como dijo el otro,

Esos me los lambo yo.

TEOFILO.Pues, señora, buenas tardes,

Tiene usted mucha razón,

“eso mismo que usted dice,

Eso mismo digo yo.”

Yo me voy y aquí la dejo

á gusto con su señor……

ISIDORO.No se vaya, aquí tenemos

Fandango no rigodón.

LUPE.Escucharemos un jarabe.

TEOFILO.Es un baile comilfó

Pero yono lo acostumbro……

LUPE.¿Qué se le rompe el tacón?

Ó qué, ¿Se le cae la baba?

Aquí encontrará su arroz,

Y entre todas las muchachas

Que asisten a la función

Puede que le cuadre alguna

Como le cuadraba yo.

Además, soy obsequiosa,

Escuche una relación

Que el suelo del Gran Hidalgo

Y el del Gran Cid, me inspiró,

Y que á ustedes la dedico.

TEOFILO.Muchas gracias.

LUPE.Atención.

 

MUSICA.

Sabeis que no he venido

De tierra extraña:

La tierra en que he nacido

Se llama: ¡España!

Honra, valor , grandeza,

Forman su historia……

Tan grande es su nobleza

Como su gloria.

Aquí al pisar un suelo

Que nadie dona,

Hallé iguales el cielo,

la fé, el idioma.

El valor en la tierra,

El heroísmo,

Son como allá en mi tierra

¡sí son lo mismo!

Que nadie nos oponga

Torpes reconcores

Allá esta ¡Covadonga!

Y aquí ¡Dolores!

¡Oh México! Quisiera

Decirte ufana:

¡no soy una extrajera,

Soy una hermana!

Jamas como á una extraña

Me deis las manos

¡Son México y España

Pueblos de hermanos!

¡España! En ti se aduna

Mi fé, mi guía!

¡México!Eres la cuna

De la hija mía!

Un nombre que me encanta,

Ponerle supe:

¡El de la Virgen Santa

De Guadalupe!

¡Virgen que el pueblo indiano

Tanto venera!

¡Que Hidalgo alzó en su mano

Como bandera!

Aquí nada me extraña;

Me regocija

Decir: México, España,

Con“madre e hija.”

Negarlo fuera en mengua

De la hidalguía:

¿No habláis en una lengua

Como la mía?

¿No nos une la gloría

Con vivo rayo?

¿No alumbra nuestra historia

La luz de Mayo?

Dejad, sin son iguales

Por su grandeza

En el valor rivales

Y en la nobleza;

á la artista sincera

Que diga ufana:

¡No soy aquí extranjera

Soy mexicana!-

ESCENA SETIMA

HABLADO

TEOFILO.Señora, usted a logrado

cautivar mi corazón,

y aquí me quedo entre todos

que extranjero ya no soy;

me quedo al mole y al pato,

y á las tortas y el arroz,

con tal de que todas bailen

sí da permiso el señor……

 

(señalando a Isisdoro.)

ISIDORO.Sí, que bailen; soy sencillo,

Y eso cualquiera lo nota:

“por mi lado no hay Portillo

Toda la cerca está rota.”

Y para acabar con brío,

Esta fiesta singular:

Lupe, vamos á bailar.

Un “palomo” tapatío.

Baile de música grata

Que no hay quien no lo recuerde,

Pues “Jalisco nunca pierde

Y cuando pierde arrebata.”

 

(Lupe é Isidoro bailan el “Palomo” en medio de los concurrentes al pueblo, y termina el a própisto.”)

 

FIN

 



[1] Universidad Autónoma Metropolitana,

[2] Juan de Dios Peza.-“N. en 1852 y m. en 1910 en la Ciudad de México. Hizo estudios en la Escuela de Agricultura, la Preparatoria y en la Escuela de Medicina. Amigo y compañero de Guillermo Prieto yManuel Acuña. Fue discípulo de Ignacio Manuel Altamirano e Ignacio Ramírez. Conocido como el "Poeta del hogar". Diputado. Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Colaboró en el Siglo Diez y Nuevey en casi todas las revistas de su época. Impulsor y Fundador de la Sociedad de Autores Dramáticos en 1902. Al finalizar el siglo XIX Peza “El cantor del Hogar” era reconocido como uno de los poetas más populares de entonces. Entre su obra publicada más importante están:Poesías (1872), Canto a la Patria (1876), Horas de pasión (1876), Cantos del hogar(1885), Poesías completas (1886), La musa vieja (recuerdos e impresiones) (1889), La lira de la patria (1890), Hogar y Patria (1891), El arpa del amor (1891), Recuerdos y esperanzas (1892), leyendas históricas, tradicionales y fantásticas de las calles de México (1898), Tradiciones y leyendas mexicanas (1900). De su obra en prosa destacan: Poetas y escritores mexicanos (1877), La beneficencia en México (1880), De la gaveta íntima, memorias reliquias y retratos (1890), Benito Juárez (1904). Recuerdos de España (1904), Diálogos históricos (1910). Siendo secretario de la legación en Madrid publicó la Lira mexicana, donde dio a conocer poetas mexicanos y desde luego su obra dramática entre la que se encuentra el Apropósito Una fiesta en Santa Anita. y otras obras dramáticas como: El capitán Miguel, La ciencia del hogar (1873),Los últimos instantes de Colón (1874) y Un diálogo de amor (1875).

 

[3]Al parecer en 1859 se había presentado ya en los escenarios nacionales una obra de título parecido con letra de Víctor Landaluce y música de Antonio Barilli. Ver Reyes de la Maza (1972, pp. 53-54).

[4]Lo cual podría parecernos extraño en nuestros tiempos, pero de ninguna manera en el ambiente de las diversiones públicas,´particularmente en los teatros, del México del siglo XIX. Más bien era una costumbre muy arraigada la expresión colectiva de nativismo y patriotismo. De ahí que la combinación entre elementos musicales propios con símbolos nacionalistas, como los vestuarios, el paisaje y desde luego la evocación de un sitio como Santa Anita resultó ser una manifestación escénica que el espectador urbano capitalino, asiduo a los teatros, lo esperaba con ansia.

[5] Cf. la versión transcrita en esta publicación.

[6]“El Palomo” pudo ser una de las variantes delson que se sigue bailando en sus distintas formas, lo mismo en Guerrero que en Jalisco o en Veracruz.