Lectura en voz alta en la educación a distancia universitaria en tiempos de la pandemia

Reading aloud in Distance University Education during Pandemic Emergency

 

Enrique Aguilar Resillas[1]

Resumen

Para impartir a distancia Lectura y escritura I y II, en la UAM Azcapotzalco, utilizamos en las videoconferencias Google Meet; para mensajes Whatsapp y el correo electrónico. Para contenidos de apoyo, youtube.com. Fue esencial explicar las bases de la “pausa fonética” para una mejor lectura en voz alta, la lectura individual, y la redacción. Una vez explicados esos principios los alumnos los vieron y oyeron en la voz de varios escritores, y luego los pusieron en práctica.

Palabras clave: Lectura en voz alta, Pausa fonética, educación, habilidades lectoras.

Abstract

This paper aims to explore the experience teaching thephonetic pause” during the courses Lectura y escritura I y II, in UAM Azcapotzalco, México. It was essential to explain the basics of thephonetic pause” for better reading aloud, individual reading, and writing. Once these principles were explained, the students saw and heard them in the voices of various writers, and then put them into practice, all of those through videoconference.

Keywords: Aloud lecture, phonetic pause, education, reading skills.

Recibido: 02-02-21

Aceptado: 02-11-21

 

Aquí primero se describe el formato de las clases de la Unidad de Enseñanza Aprendizaje (UEA) Lectura y escritura II, la cual fue impartida con el método a distancia, en este caso, en el invierno del 2020, en la etapa crítica de la pandemia ocasionada por el virus Covid19. En seguida se presenta el ensayo “Una mina de oro: las normas fundamentales de la lectura en voz alta, a partir de la “pausa fonética” con el cual se impartió, en dicho curso universitario, la teoría de la lectura en voz alta a los alumnos que cursaron esa UEA conmigo en la UAM Azcapotzalco.

 

Descripción del curso

Para impartir, a distancia, la materia de Lectura y escritura II en el trimestre 20-I, en la UAM Azcapotzalco, como medios de comunicación con mis alumnos se utilizaron las herramientas digitales WhatsApp, Google Meet y el correo electrónico. En el primer mecanismo se formó un grupo en el cual se dio de alta a todos los integrantes de la lista, y ese mecanismo sirvió para enviarles a los estudiantes textos en PDF, más las claves para unirse a las videoconferencias, en las cuales se utilizó Google Meet. El correo electrónico sirvió para que cada alumno enviara sus tareas, sobre las cuales se les regresaban comentarios a cada uno respecto de esos trabajos por el mismo medio. La evaluación se basó tanto en la asistencia a las videoconferencias, como en la entrega de trabajos en los que tenían que demostrar el conocimiento adquirido y un dominio a nivel universitario de los cuatro ejes de la UEA: lectura individual, lectura en voz alta, redacción y metodología de la investigación. Con la finalidad de que practicaran la lectura en voz alta se utilizó el libro Yo no vengo a decir un discurso de Gabriel García Márquez que es una antología de textos que el Nobel colombiano leyó en público, desde sus tiempos de preparatoria hasta la recepción de su premio mundial en Estocolmo. A fin de que el grupo conociera las bases de la lectura en voz alta se les envió a los alumnos el ensayo “Una mina de oro: las normas fundamentales de la lectura en voz alta, a partir de la “pausa fonética” por WhatsApp, y luego ese texto fue analizado en dos sesiones de videoconferencia. Después, en otras videoconferencias el grupo escuchó las lecturas de sus textos por parte de los escritores Juan Rulfo, Gustavo Sainz, Augusto Monterroso y Carlos Fuentes, a través de los videos que de estos escritores hay en Youtube, esto para que dichas lecturas les sirvieran como ejemplos de la adecuada práctica de la lectura en voz alta. Los textos que en los videos leían los propios autores también se les enviaron en PDF a los alumnos por medio del grupo de WhatsApp con la indicación de que los leyeran en silencio mientras escuchaban la lectura del autor para que captaran el ritmo y la entonación de los textos, y cómo coincidía su lectura en voz alta con el texto escrito en cuanto a la puntuación y las reglas de ritmo y tono indicadas por las reglas de la de la pausa fonética. En cada sesión de clase a distancia, también, cada alumno leyó en voz alta un fragmento de un discurso del libro de García Márquez con la indicación de que al realizar esta actividad pusieran en práctica la teoría de la pausa fonética y siguieran el ejemplo de lo autores cuya lectura ya habían escuchado. Al final, los alumnos tenían que enviar un texto breve alusivo al tema del discurso leído, respecto del cual hacían además una pequeña investigación para encontrar datos con los cuales contextualizar dicha lectura. En suma, la lectura en voz alta fue la base para que los alumnos aumentaran su dominio tanto de la investigación como de la comprensión y redacción de textos, y la lectura en sí. 

Se puede afirmar que a la mayoría de los alumnos los conmovió el conocimiento de las reglas de la “pausa fonética”, base de la mejor lectura en voz alta. Para mí, como autor del ensayo, me dejó muy satisfecho el comprobar la utilidad de los planteamientos teóricos en la práctica concreta con los alumnos, entre los cuales varios descubrieron o valoraron mejor a los narradores y sus textos, al conocer sus creaciones y apreciar en su propia voz su correcta lectura.

 

El ensayo

Una mina de oro: las normas fundamentales de la lectura en voz alta, a partir de la “pausa fonética”

Los signos de puntuación en español se suelen enseñar como señales de tránsito, indicaciones para tomar aire, o barreras para impedir la libre circulación de las ideas: “cuando veas en un texto una coma te tienes que detener. Si lo que aparece escrito es un punto y coma, te debes parar con mayor razón. En el caso del punto y seguido debes detenerte aún más”. Este es el modelo de indicaciones que aparecen en aulas y manuales para aprender a utilizar esos señalamientos, que en lugar de signos de escritura parecen de circulación.

Por tratarse de una forma diferente de enfocar el uso de la puntuación es que me llamó la atención un breve apunte, de sólo media página, que aparece en el Curso de Redacción de Gonzalo Martin Vivaldi (Vivaldi, 1977, p. 27) porque ahí, después de describir los usos principales de la coma, el punto y coma, el punto, los dos puntos y los puntos suspensivos en las dos primeras lecciones dedicadas al tema de la “Puntuación”, don Gonzalo abre una sección en su texto que sólo se destaca por el empleo de las mayúsculas en su título: “La puntuación y las pausas”. En seguida Vivaldi pone una aclaración: “Como complemento de las reglas de puntuación expuestas [en los capítulos anteriores], damos a continuación las normas que al respecto expone Manuel Seco en su Diccionario de dudas de la lengua española (Seco, 1986, pp. 518-521), normas éstas basadas en la pausa fonética, es decir en la entonación de la frase”.

            En seguida Vivaldi coloca en su libro un texto que vale leer con máxima atención. Es un listado donde están escritos con cursivas los nombres de los signos de puntuación arriba mencionados, pero aquí seguidos de una definición: Punto: “Se emplea al final de la oración para indicar que lo que precede forma un sentido completo. Señala una pausa, y entonación descendente en la última palabra pronunciada […]”

Estas últimas negritas y cursivas son mías porque en ellas residen los fundamentos de la lectura en voz alta correcta, cuyos elementos esenciales son el ritmo y la entonación, implícitos a su vez en “la pausa fonética” descrita de manera escueta en el párrafo inmediato anterior, pero sin ninguna explicación mayor por parte de Vivaldi.

En el entrelazado de estas nociones, su comprensión y los resultados de su aplicación en la lectura en voz alta es en donde está su gran valor que, digo, es el de una “mina de oro”, lo cual, como más adelante aquí se verá, no es una exageración.

            La definición del Punto en el listado arriba mencionado incluye también la del punto final: “indica una pausa más larga, ya que ha terminado de exponerse una idea completa (o un aspecto importante de una idea) y lo que sigue va a constituir una exposición aparte”.

De manera implícita ahí se pueden asumir dos nociones relevantes: que la pausa asociada al punto y seguido será más corta que la del punto y aparte y el punto final, y a su vez que la entonación de las palabras ubicadas antes de estos puntos también será descendente.

            En seguida aparece la definición en cuanto a pausa y entonación, o tono, de la palabra puesta antes de la Coma: “Señala una pausa en el interior de una oración, pausa que obedece a una necesidad lógica de ésta y que puede indicar entonación [de la palabra inmediata anterior a este signo de puntuación] ascendente o descendente según las circunstancias.”

De la misma forma que la descripción anterior, ésta requiere una lectura interpretativa para concluir que la pausa asociada a la coma será más corta que la de los puntos. La entonación indicada en esta descripción “ascendente o descendente según las circunstancias” no ayuda a decidir qué hacer a la hora de estar leyendo en voz alta y encontrarse con una coma. Con el fin de destacar la diferencia de entonación entre las palabras que anteceden a la coma y los puntos: seguido, aparte y final yo aconsejo darle a las palabras que anteceden a las comas un tono ascendente.

            La descripción siguiente en la lista del maestro Vivaldi es la del Punto y coma: “Señala una pausa [no dice de qué extensión] y un descenso en la entonación [de las palabras que lo acompañan], los cuales no suponen, como [en] el punto, el fin de la oración completa, sino un mero descanso que separa dos de sus miembros”. Aquí se puede deducir que la pausa asociada al punto y coma será un poco más larga que la de la coma, pero de menor extensión que la de los puntos.

            Luego viene la definición de los Dos puntos: “Señalan pausa precedida de un descenso en el tono [de la palabra inmediata anterior], pero, a diferencia del punto, denotan que no se termina con ello la enunciación del pensamiento completo”.

Para redondear esta imprecisa descripción del maestro Seco, que luego retomó don Vivaldi, se pueden concluir también dos cosas: que la extensión de la pausa de los dos puntos será menor a la de los demás puntos, pero que el tono descendente de la palabra que lo acompaña será menos profundo.

            Por último, aparece la definición, sólo en cuanto al tipo de pausa, de los Puntos suspensivos: “Señalan una pausa inesperada [tampoco se menciona de qué extensión] o la conclusión vaga, voluntariamente imperfecta, de una frase.”

En el ejercicio de interpretación respectivo, se puede concluir que aquí la pausa debe ser de mayor extensión que la de los puntos, y con el tono descendente; o que los puntos suspensivos implican una pausa más corta, pero también con tono descendente; es decir, pausa tajante y corta, de acuerdo con una expresión inesperada, o pausa larga para una expresión irónica o que implique duda.

            En la repartición de los respectivos reconocimientos por describir estos elementos fundamentales para la adecuada lectura en voz alta, hay que decir que el logro de don Manuel Seco es indicar en su diccionario estas pausas y entonaciones, aunque sea de un modo impreciso o incompleto, como ya se puede ver.

El mérito de Vivaldi, por su lado, es retomar estas definiciones de la “pausa fonética”, aunque sin darles del todo la explicación que requieren para “la entonación de la frase”, y también para establecer de modo implícito el ritmo y el tono de la lectura, y por lo tanto el carácter y la velocidad del texto según su puntuación.

            Todo lo anterior, insisto, es indispensable para una lectura en voz alta más precisa, comprensible y hasta agradable, porque si se analizan y practican las pausas fonéticas como aquí se indican, la propia lectura en voz alta mejora sin ninguna duda, en cuanto a su comprensión, entonación y audición, todo junto. Por esto es que su conocimiento, práctica y dominio son tan valiosos.

            En relación con lo dicho hasta aquí en cuanto al ritmo y la entonación asociados con la puntuación en todo texto escrito, hay que indicar también que la puntuación sirve para tomar aire como bien lo saben tanto los autores como los correctores, y también se puede deducir que a una extensión más larga de las pausas relacionadas con cada signo de puntuación mayor será también la cantidad de aire que se aspire para continuar la lectura (Vid infra: Corrección de Textos, 17/03/21).

 

Hay que enfatizar

El tema de la "pausa fonética" descrita por Vivaldi, para la lectura en voz alta es vital, porque ahí indica que, a cada signo de puntuación, en la lectura en voz alta o en silencio, corresponde una pausa de distinta extensión. Esto a su vez impone un ritmo y una velocidad específica al texto en sí, a su lectura y a la respiración del lector. Aquí cabe plantear de entrada también que el ritmo de un texto, a partir de su puntuación, puede ser por principio lento, semi lento y rápido, aunque puede haber más variantes.

Las pausas asociadas a cada signo de puntuación se pueden ejemplificar colocando al lado de cada signo de puntuación una raya de diferente extensión, para que así se visualicen las diferentes extensiones que le corresponden a las citadas pausas relacionadas con cada uno de dichos signos.

Coma,_ punto y coma ;__ dos puntos :___  punto y seguido .____ punto y aparte._____ punto final.______ puntos suspensivos…________

            Asimismo aquí es preciso comentar que estas pausas son de fracciones de segundo, dependiendo del carácter del texto, y por lo tanto de su puntuación, ritmo y entonación.

Una recomendación frecuente entre redactores y escritores es la de leer en voz alta los textos para así detectar fallas en la puntuación. Esto se logra mejor si se toma en cuenta y respeta la longitud de las pausas asociadas a cada uno de los signos de puntuación, arriba indicadas.

 

Un reto de carácter

En la lección 1 de su manual, “La puntuación: las reglas y el temperamento” (Vivaldi, 1977, p. 18), don Gonzalo Martín se pregunta y le pregunta al lector: “¿En realidad, hay reglas para la puntuación? Porque (…) éste pone ´punto´ donde aquél escribe ´coma´ y ése ´punto y coma´[…]”

Y en seguida da su respuesta: “A pesar de que la puntuación sea materia un tanto elástica, conviene tener en cuenta las susodichas reglas [de puntuación] y adaptarlas luego a nuestro temperamento”.

            Lo anterior da pie para que uno practique su interpretación, porque no sólo se trataría de adaptar las reglas de puntuación al temperamento de quien escribe, sino también al temperamento del texto, a su carácter. Cabe recordar aquí que no es lo mismo un ensayo de matemáticas, un sermón religioso, un planteamiento psicoanalítico o una tarea escolar: cada uno tiene por su tema un ritmo y un tono diferente, de acuerdo con la materia que trate, y según su puntuación que en él decida emplear su autor.

Y aquí es donde aparece otra vez la utilidad de la pausa fonética porque el carácter del texto, producto de su tema, ritmo y tono, se puede establecer justo por medio de la puntuación.

Por ejemplo: si se quiere obtener un texto enfático. Categórico. Contundente. Entonces lo mejor es utilizar oraciones cortas. Y frases breves. Párrafos también breves. Es decir, textos escritos con base en comas y puntos frecuentes. Como éste.

            Por lo contrario, si de lo que se trata es de conseguir un texto con un carácter más pausado, o un ritmo lento; digamos, explicativo, y puede que hasta, si se quiere, un tanto lánguido, lo preferible es utilizar oraciones largas, en las que haya frases incidentales, o varias oraciones subordinadas; con comas, puntos y comas. Y puntos y seguido. Como de algún modo lo trata de ejemplifica este mismo párrafo.

            Lo anterior, el empleo de la diferente puntuación, si se hace en el texto de manera adecuada, a la hora de leerlo en voz alta, respetando las pausas fonéticas propias de la diferente puntuación, dará por resultado una entonación y un ritmo diferentes. Es decir, que cada texto “sonará”, se “oirá”, con un ritmo, tono y énfasis distintos. Tendrá su propio carácter, puesto en él a partir de la velocidad que le indique su puntuación, y de la entonación asociada a ella. Y del ritmo de la respiración que la puntuación indique, no hay que olvidarlo.

 

El texto como partitura

La “pausa fonética” apreciada como hasta aquí se ha indicado, convierte a todo texto escrito en una partitura de la cual se puede obtener una lectura agradable, eufónica. Esto siempre y cuando los signos de puntuación, primero, y su entonación y ritmo estén bien colocados, y entonados, tanto en el modo impreso como en su versión oral.

            Lo anterior se conecta, por ejemplo, con la escritura poética, y a su vez con la lectura de poemas. Esta afirmación puede parecer sorprendente, arriesgada, pero no lo es. Una sintética y rotunda definición de poesía del poeta Efraín Bartolomé sirve de apoyo: “cien por ciento de sentido, y cien por ciento de sonido”.[2] Para lograr tan alta meta el conocimiento y dominio de la pausa fonética son básicos.

            Una objeción que se le podría hacer a lo antes expuesto es la de que en muchos poemas no se utiliza la puntuación, y por lo tanto no habría forma de aplicar en sus versos los principios de la pausa fonética. Pero aquí cabe recordar que, a falta de signos de puntuación, lo que todo poema requiere es la indicación de las pausas necesarias entre las palabras y los propios versos, lo cual se puede hacer, y se hace, por medio de la colocación de espacios visibles entre los versos, los cuales vienen a sustituir a los signos de puntuación.

            En el terreno de la poesía a lo anterior el poeta le debe agregar un amplio conocimiento de figuras retóricas, acentos, métricas, rimas internas y externas, si es el caso o el propio gusto, y todo el caudal de recursos sintácticos y léxicos de que disponga y quiera emplear. Pero no podrá prescindir del ritmo y el tono, y por lo tanto de la puntuación implícita o explícita.

            En la visión del texto como “partitura” que implica una cierta musicalidad, hasta llegar al extremo del texto poético arriba aludido, con todas sus características y gratas consecuencias, se puede introducir un elemento también importante y que es el del lector-intérprete.

            Para leer de manera adecuada un ensayo científico, una ponencia legislativa, el capítulo de una novela, un cuento para niños, un discurso académico o un trabajo escolar se requiere dominar las reglas de la pausa fonética arriba mencionadas. Para ello, como siempre en lo importante de esta vida, se necesita estudio de la teoría, que en este caso no es larga. También se requiere práctica, que en este caso que aquí nos ocupa sí debe ser constante. ¿A qué se debe lo anterior? A que en general la lectura se nos ha enseñado como el desciframiento de sílabas, primero, y en seguida de las palabras formadas con esas sílabas. Esto va acompañado, por una parte elemental, del deletreo, y después de la unión de las palabras, tanto a nivel mental como oral, en cuanto al manejo de las letras, sílabas y palabras se refiere.

Por el lado de los signos de puntuación lo que se enseña es que “hay que respetarlos”, insisto, como si fueran señales de tránsito. Y el símil es correcto porque se indica que en cada signo “uno se tiene que detener”, y que no hacerlo está mal. En el mejor de los casos, se dice que “no hay que leer de corrido”, en silencio y en privado, o en voz alta y en público, “porque eso está mal”. No hacer una lectura “atropellada”, dicen, para más señas. Y con eso lo echan a uno al mundo, y que Dios te ampare.

            Con esas nociones tan rudimentarias es como la mayor parte de la humanidad va, sí, atropellando textos al por mayor, y aquí sin ton ni son. Todo lo cual no sería tan grave si no pasara de una agresión para la fonética, pero lo malo de esto no se queda ahí, sino que la mala lectura implica a su vez la incomprensión e inclusive la ignorancia de lo leído. Es decir, quedarse al margen del conocimiento. Estar condenado al atraso y la ignorancia. Así de grave y trágico.

 

¿Quién dijo que todo está perdido?

El valor tan alto que tiene el conocimiento, práctica y dominio de las reglas de la pausa fonética se debe a que su resultado, una mejor lectura en voz alta, lleva a quien la practica a un tipo de lectura más comprensible, pero también más reflexiva.

Quien se interesa porque su lectura en voz alta se oiga bien, también se interesa por comprender lo que está diciendo. En suma, se convierte en un mejor intérprete tanto de sus propios textos como de los escritos por los demás. Al valorar la entonación de las palabras, también tiende a valorar su contenido, su significado.

 

El silencio como respuesta

Cuando en la ventana de Google se busca “pausa fonética”, entre comillas para ubicar dichos términos de forma exacta, el resultado que emite esa máquina maravillosa es de 576 menciones. Esto es por completo mínimo, comparado con la importancia de esta noción que aquí estoy argumentando. Lo mismo indican los comentarios de mis colegas profesores universitarios, y los de varios especialistas entre los cuales he comentado o ya les di a conocer versiones preliminares de este ensayo. También me lo han dicho las reacciones de mis alumnos entre quienes ya he difundido estas reglas, junto con su práctica. Otro problema asociado a las pocas menciones que tiene este tema es el de que algunas referencias se hacen tomando en cuenta sólo el significado literal de ambos términos y entendiéndolo como “carencia de sonido” (La gran ortografía blog, 2016) o “intervalo de silencio” (Conde, Antonio; M. Macías, Balbino, 18/03/2021) que es justo lo contrario de lo aquí se explica con base en las escasas, aunque importantes, indicaciones de Seco y Vivaldi. Por desgracia estos especialistas, cuando se refieren a la pausa fonética, tanto en su manual, como en su diccionario, no indican sus fuentes, ni le dan la relevancia que tiene, a lo cual puede deberse la reducida difusión que a esta noción se le ha dado.

 

Intermedio biográfico

Al reflexionar sobre la razón de mi interés sobre este tema, recordé que alrededor de mis 20 años conocí y tomé clases en la UNAM con el novelista Gustavo Sainz, quien como profesor era por completo encantador, en el preciso sentido del adjetivo.

A sus alumnos nos mantenía ahora sí que en vilo las dos horas que duraban sus clases de Literatura y sociedad. Una razón de nuestro arrobamiento era tanto la exposición de su conocimiento enciclopédico sobre autores y libros, más sus referencias sobre cine, pintura y artes en general. Pero también mediante la lectura que nos regalaba de cuentos y capítulos de novelas, ajenas y propias, pese a que su voz no era la de un locutor, sino un tanto nasal, y vaya que el profesor tenía una gran apéndice respiratoria y por ello su dicción era bastante peculiar. Pero todo eso no importaba cuando él se ponía a leer porque, con el tiempo y el análisis lo entendí con plenitud, desde la perspectiva de las reglas de la pausa fonética su lectura era impecable.

            Y como dice el dicho que “de ver dan ganas”, al observar en aquellos grandes salones de la antigua Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM cómo maese Sainz hacía virtud de sus carencias, porque guapo no era, ni tampoco, como digo, tenía una voz de inmediato atractiva, ni una presencia ídem, aunque sí era alto, pero un poco caído de hombros, y sin embargo, cuando daba referencias y explicaciones, primero, pero más cuando se ponía a leer, a todas las alumnas las tenía embelesadas. Entonces uno captaba que leer, en general, y leer bien en voz alta, tenía sus ventajas…

            Esa enseñanza y ejemplo de mi profesor nunca los perdí ni olvidé, y en lo posible traté de ponerlos en práctica. De mi relación, como alumno, primero, y después como colaborador, discípulo y amigo con Gustavo Sainz que duró 35 años, la mejor recomendación que le recuerdo para leer bien fue la de “para eso, gordito, hay que fijarse bien cómo leen los buenos lectores. Arreola, Rulfo, Fuentes, Garibay, y en lo posible hay que imitarlos…”

 

Grandes ejemplos, buenos y no tanto…

En esto de combinar, y sacarle provecho a las características y cualidades de la escritura, la lectura y en particular de la lectura en voz alta, se puede afirmar que hay escritores que a la par que han sido grandes estilistas por escrito, también han sido destacados lectores en voz alta.

Juan Rulfo y Juan José Arreola son casos paradigmáticos, como bien lo dijo mi maestro y amigo Sainz.

Por fortuna El autor de El llano en llamas grabó, o le grabaron leyendo varios de sus magistrales cuentos, y esas lecturas, precisas en cuanto a lo que la pausa fonética se refiere, aún se pueden disfrutar por medio de Youtube.

Lo mismo sucede con El autor de Confabulario de quien hay incluso en Internet un video en el que él lee de manera sensacional un poema de Jorge Luis Borges, ante el propio genio argentino, para más placer de quienes podemos seguir viendo ese gran espectáculo por el medio audiovisual mencionado.

            Otros narradores y poetas que también son buenos lectores son José Agustín, Jaime Sabines, Alejandro Aura y José Emilio Pacheco. A ellos se les puede escuchar leyendo fragmentos de sus novelas o cuentos y poemas en la plataforma “descargacultura” de la UNAM.

            Un poeta que por escrito es espléndido, sobre todo en cuanto a los versos amorosos, es Pablo Neruda, pero al oírlos en su propia voz uno sale corriendo a mejor escucharlos en la versión oral de Jaime Sabines.

Otro narrador y poeta al que le falla la lectura en voz alta es a Fernando del Paso: su error es que todas las pausas fonéticas de todos los signos las entona en forma ascendente. En la lectura que Borges hace de sus poemas también predomina la entonación ascendente, aunque en su caso la aplica con mesura.

 

Regreso desde las alturas

En la actualidad se menciona una y otra vez el auge del analfabetismo funcional. Eso indica que abundan quienes sólo son capaces de unir palabras, si no es que casi sólo deletrearlas, por escrito y de manera oral. Se menciona eso asociado con una grave y masiva falta de comprensión lectora.

Tomando como base lo que aquí se ha dicho de la pausa fonética, por un lado, y por el otro, a partir de la propia experiencia educativa, más la observación de los métodos utilizados para “alfabetizar”, en principio, y después para mejorar la expresión escrita y oral de los estudiantes, que en su mayoría llegan hasta las universidades con graves carencias expresivas, considero que una mayor difusión de las reglas de la pausa fonética desde la escuela primaria, hasta la educación universitaria puede contribuir al abatimiento de los graves rezagos educativos.

Lo anterior se puede afirmar si se considera que la lectura en voz alta es el resultado y reflejo inmediato de la lectura en silencio. Y si la gente lee mal en silencio, lee peor en voz alta.

Hasta ahora el uso de los signos de puntuación se explica y enseña, insisto, indicando que dichos signos se deben emplear como “separadores” de partes de la frase o de la oración. O para delimitar la extensión de fragmentos o párrafos. Es decir, como “topes”, como barreras. Pero no se enseña que estos signos, con las entonaciones y pausas que implican, sirven para darle un ritmo, tono y carácter a los textos.

Tampoco se explica que las palabras tienen una determinada tonalidad, no sólo por su estructura y de acuerdo con la sílaba tónica que tengan, sino también, como ya se dijo arriba, por la colocación que tengan respecto de los signos de puntuación. De hecho, a la sílaba tónica se le define como la que tiene “una mayor fuerza de voz”, pero no se dice que es la que a su vez tiene “un tono más alto”. Esto puede parecer un detalle menor, pero no lo es.

En cuanto a la lectura, al hablar de tonos, por el mismo camino se llega a la “musicalidad”. Y aquí llegamos a la pechuga del pollo: hay que enseñar que el dominar el conocimiento y aplicación de la pausa fonética, y de paso, ya que se acaba de mencionar, de la entonación de las palabras a partir de la sílaba tónica, y por lo tanto de las reglas de acentuación, sirve para mejorar la comprensión de los textos. Son legión quienes no conocen ni aplican la acentuación diacrítica, por ejemplo, tanto a la hora de escribir, como cuando dichos acentos son leídos en voz alta.

A manera de conclusión tentativa, enfatizo, lo que cabe mencionar es que el conocimiento y aplicación de las reglas de la pausa fonética sirve tanto para una mejor comprensión de los textos, como para que éstos “suenen” mejor. Es decir, que por medio de estos recursos, en el caso de su versión oral, sirven para expresar, si se es el orador, o para escuchar, en el caso del oyente, un texto más elegante, bello, comprensible y fluido.

Otra posible conclusión de este apunte sobre la pausa fonética es la de que, desde la propia experiencia, leer en voz alta siguiendo el conocimiento de su ritmo y tono, es más claro, preciso y hasta divertido, tanto para quien lee como para quien escucha la lectura.


 

Bibliografía

Vivaldi, G. M. (1977). Curso de redacción. Teoría y práctica de la composición y del estilo.

Madrid: Paraninfo.

Seco, M. (1986). Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española. Madrid: Espasa

Calpe.

Garrido, F. (s/f). Cómo leer (mejor) en voz alta. Guía para contagiar la afición a leer. México: Fundación Mexicana para el Fomento de la Lectura, A.C.

Martínez José, A. (2004). La coma: valor fonético y sintáctico. En José A. Martínez, Escribir

sin faltas: manual básico de ortografía (p. 207). Oviedo: Ediciones Nobel-Ediuno.

 

Cibergrafía:

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Conde, Antonio; M. Macías, Balbino. Esbozo sobre la naturaleza del silencio- signo, Cauce1. Recuperado de https://cvc.cervantes.es/literatura/cauce/pdf/cauce01/cauce_01_005.pdf (Última consulta: 18/03/2021).

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La gran ortografía blog (2016). H, muda y presente. Recuperado de https://lagranortografia.com/2016/02/29/muda-y-presente-letra-h/ (Última consulta 22/03/2021).

 



[1]Universidad Nacional Autónoma de México, arikito@yahoo.com

[2] Definición expresada por el propio poeta en una clase universitaria a la cual fue invitado por el autor de este ensayo.